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 Miércoles - Enero 2/9 - 2013                                                                                                                                                                             El Diario de New York 

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NO HAY MANERA DE ENCOGER UNA CIUDAD

  

El centro de Detroit - 1991

En Detroit, con 800.000 edificios vacíos, se han demolido rascacielos clásicos ¿Qué hacer cuando una urbe pierde gran parte de su población? El deterioro atrae a jóvenes creadores

 

Por David Alandete:- De megalópolis a jungla semiurbana, desde sus días de gloria automovilística, la ciudad de Detroit ha perdido el 63% de su población. El espacio geográfico sigue siendo el mismo: 359 kilómetros cuadrados que corren una suerte desigual. En algunos puntos, la naturaleza reclama lo que es suyo, y reforesta, salvaje, manzanas enteras. Hay en Detroit 800.000 estructuras vacías, la mayoría en estado ruinoso. Los esfuerzos de recuperación, privados y públicos, se concentran en algunas áreas reducidas, que se hacen atractivas para los residentes, afeando aún más los barrios depauperados. No hay un plan maestro. En la historia del urbanismo, mucho se ha escrito de ampliar centros urbanos, pero poco hay sobre el fenómeno del encogimiento de ciudades.

Es una historia común en el Medio Oeste norteamericano, zona de fríos inviernos donde lo que en su día atrajo a los pobladores fue el auge de la industrialización. Así se expandieron Cincinnati, Cleveland y Pittsburgh. Del mismo modo cayeron después de la Segunda Guerra Mundial y la década de los cincuenta. Menos fábricas y menos oportunidades de trabajo conllevaron menos población. En Detroit, muchos empleados de las factorías de coches emigraron a acaudaladas localidades en las afueras. Se produjo, además, un éxodo blanco después de los disturbios negros de 1967, para cuya contención el presidente Lyndon B. Johnson llegó a movilizar al Ejército.

“En la reducción de ciudades no hay modelos exitosos en EE UU, en parte porque hemos sido muy lentos a la hora de admitir este desafío, y en parte porque un cambio sustancial llevará mucho tiempo en culminarse”, explica Shetty Sujata, profesora en el Departamento de Geografía y Planificación de la Universidad de Toledo, en el Estado de Ohio. “Siempre se habla de ofrecer incentivos a los ciudadanos para que se muden de áreas menos pobladas de una ciudad, a otras zonas con más densidad de habitantes, para ahorrar en los gastos de servicios municipales”. Esos intentos, sin embargo, han resultado por lo general fallidos. Los ciudadanos que quedan suelen resistirse a mudarse. Y la ley suele estar de su lado.

En el pasado medio siglo no ha habido fondo que Detroit pudiera tocar. En el último censo, de 2010, se descubrió que la urbe había perdido aun otro 25% de la población en una sola década. No hay comparación posible en toda Norteamérica a esa despoblación, más allá de las masivas evacuaciones de ciudadanos en Nueva Orleans tras el paso del huracán Katrina. En el censo estadounidense de 1950, la ciudad contaba con 1,89 millones de habitantes. Según el de 2010, residen entre sus límites municipales 706.585 personas.

“El descenso de la población en una ciudad presenta muchos desafíos”, explica Justin Hollander, profesor de Políticas Urbanas y Medioambientales de la Universidad de Tufts. “Cuando una ciudad deja de crecer, se generan graves problemas. El aparato gubernamental deja de estar equipado, no puede prestar servicios, porque la base de aquellos que pagan impuestos se reduce notablemente. La ciudad se convierte en un lugar menos apetecible para vivir”.

Detroit es la segunda ciudad más violenta de EE UU, con 21,4 crímenes por cada 1.000 habitantes en 2011, según el FBI. La más violenta no se halla muy lejos: es Flint, a 110 kilómetros, también en Michigan. El desempleo es oficialmente del 18,1% (aunque las autoridades locales admiten que esa cifra está desinflada y que el índice real de paro alcanza el 50%) y un 36,2% de los residentes viven por debajo del nivel de la pobreza. Un 47% de la ciudadanía es, además, analfabeta.

“Los que se quedan en Detroit lo hacen porque no tienen más remedio que permanecer, gente con pocos recursos”, añade Hollander. “Y precisamente son la gente que más depende de unos servicios públicos que la ciudad ya no puede ofrecer. Si no tienen coche, necesitan el transporte público. Si no tienen empleo, pueden depender de subsidios públicos. Si no tienen seguro médico, buscan cobertura básica del Estado. Y cada vez, la ciudad puede ofrecer menos y menos servicios”.

El abandono de hogares es una lacra en la ciudad. Hay quienes venden sus casas por precios simbólicos. Un simbólico dólar es un precio a veces común en determinadas zonas, las más depauperadas. Las familias quieren marcharse sin mirar atrás. Desde luego, hay zonas en las que se concentra la mayoría de nuevos residentes, oasis acaudalados de corte neoyorquino, repletas de modernos lofts, como Midtown. Aun así, el stock vacío en el resto de áreas lastra las ventas medias. Según la inmobiliaria Realcomp, el precio medio de una vivienda en Detroit es de 9.000 dólares (7.000 euros).

“La despoblación también conlleva problemas sociales”, explica Brent Ryan, profesor en el Massachusetts Institute of Technology, y autor del libro Diseño después del declive: cómo América reconstruye las ciudades que se encogen. “En Detroit ha habido un incremento notable de los incendios provocados. Aumenta la criminalidad. Hay más venta de droga. Los vecindarios se convierten en inseguros. Las autoridades no pueden hacer nada. Los residentes que quedan deciden que no es seguro quedarse allí. Y acaban emigrando a los suburbios o a otros lados, ya que en EE UU los centros urbanos no tienen la misma importancia social que en Europa”.

¿Qué ciudad puede clamar como una victoria que en la llamada Noche del Diablo de este año, la de antes de Halloween, el 30 de noviembre, solo se registraran 93 incendios? La misma que en 2007 vio 147 incendios. En 1984 fueron más de 800. Hay quienes queman por pasar el rato, vandalismo supremo. Otros inician fuegos accidentales, mientras saquean las casas con

 

sopletes, buscando cobre y metal para venderlos como chatarra.

Hay en Detroit 46 estaciones de bomberos, con un total de 881 efectivos y 248 médicos. Las arcas públicas no dan para más, y el alcalde, Dave Bing, anunció en verano el despido de 164 personas, por falta de medios. Al final los salvó un programa de ayudas federales. La media de incendios en Detroit es de 30 al día. Los Ángeles, que tiene cuatro millones de habitantes, no suele registrar más de 11. El Gobierno local de Detroit ha colocado carteles en las casas abandonadas, dos grandes ojos bajo el lema “este edificio está siendo vigilado”. El resultado: las casas abandonadas miran fijamente al transeúnte, con un efecto siniestro. Es, también, un reclamo involuntario para turistas.

Mucho se ha fotografiado últimamente la decadencia de Detroit. A algunos vecinos no les gusta. Tildan la práctica de tomar fotos de las ruinas de pornografía. Hay algo de voyerismo en la fascinación por la decadencia de los formidables edificios de Detroit. Es un turismo en sí mismo. Las ruinas aparecen ya hasta en las guías: la Estación Central de Michigan, la Planta Automotriz Packard, el Edificio Metropolitan. Entrar en ellos, para fotografiar su letárgico derrumbe, es una experiencia abrumadora, como visitar una Acrópolis.

Precisamente esa es la sensación que tuvo el fotógrafo, escritor y documentalista de origen chileno Camilo José Vergara, que en las pasadas dos décadas ha viajado frecuentemente a Detroit. En 1995 publicó un libro, El nuevo gueto americano, con una idea revolucionaria y polémica: “Propongo que, como un tónico para nuestra imaginación, como una llamada a la renovación, como un lugar dentro de nuestra memoria nacional, una docena de manzanas de rascacielos de la era anterior a la Gran Depresión se estabilice y se mantenga como ruinas. Una Acrópolis Americana”.

Pocos le escucharon. A los vecinos de Detroit, claro, les interesaba más mirar al futuro que pensar que vivían en una Acrópolis. Lo que hoy visitan los turistas en Detroit es una pálida sombra de aquel posapocalíptico escenario de los años noventa del pasado siglo. Los grandes almacenes Hudson’s se demolieron en 1998. Lo mismo sucedió en 2005 con el grandioso hotel Detroit Statler. “Ver aquello era una experiencia única. Eran edificios sublimes, de una gran belleza. Después de Nueva York y Chicago, los grandes arquitectos iban a Detroit”, explica hoy Vergara. “Eran de materiales de calidad, de un excelente diseño. Conformaban unas ruinas muy hermosas”.

Vergara, residente en Nueva York, es un meticuloso cronista de la decadencia de Detroit. Algunas de sus fotografías se exhiben ahora en el Museo Nacional de Arquitectura de Washington, bajo la rúbrica Detroit is no dry bones (Detroit no es hueso desnudo). “Ahora vemos una nueva generación de jóvenes que ve en Detroit un sitio libre, donde pueden hacer cosas que no se pueden hacer en Nueva York u otras capitales”, explica. “Muchos tienen la sensación de que pueden crear más libremente. ¿Hacer una pintada en la calle? Es poco probable que eso traiga problemas con la policía allí. Para ellos es un lugar ideal para crear”.

¿Puede el arte redimir a las ciudades que se encogen? El Proyecto Heidelberg es prueba de ello. El vecindario afroamericano de McDougall-Hunt es ya más rural que urbano. La yedra devora casas enteras. Las construcciones decrépitas dan paso a lo que a todas luces parecen praderas. Cuesta creer que se está a tres kilómetros de la sede mundial de General Motors. Y de repente, un estallido de color. Lienzos se alzan como tumbas al aire libre. Casas enteras han sido pintadas con formas abstractas. Muñecos decoran las farolas. Es un sueño entre vanguardista y naif.

Heidelberg es la protesta espontánea del artista Tyree Guyton, natural de Detroit. Creció en esa misma zona, antes de servir en Vietnam. Al regresar, vio que su ciudad quedaba arrasada por una guerra distinta, la de la despoblación. Comenzó pintando topos de colores en casas abandonadas. Luego erigió totems. Esculpió taxis con madera. Empleó casi todo lo que estaba a su alcance para convertir la decrepitud en arte. No siempre obró con libertad. Dos alcaldes ordenaron que se demoliera parte de su proyecto. Él siguió creando, y desde hace ya años se le deja en libertad. Su obra también aparece ya en las guías. Es Detroit oficial, como lo son las ruinas de la que fue gran capital de la industria automovilística.

 

EE.UU.: APRUEBAN FONDO PARA AFECTADOS POR SANDY 

WASHINGTON (AP) — El nuevo Congreso de Estados Unidos aprobó el viernes un fondo de 9.700 millones de dólares para cubrir los reclamos de seguros por inundación para muchos propietarios de hogares y negocios afectados por la supertormenta Sandy.

El proyecto fue aprobado por el Senado después de que el mismo viernes la Cámara de Representantes lo había autorizado por mayoría abrumadora. La medida reabastece al Programa Nacional de Seguros contra Inundaciones —que se quedaría sin fondos la próxima semana— para cubrir cerca de 115.000 reclamos pendientes y otros 5.000 casos irresueltos de otras inundaciones.

La tormenta de fines de octubre azotó la costa desde Carolina del Norte hasta Maine, con las peores inundaciones registradas en la ciudad de Nueva York y sus suburbios; Atlantic City, Nueva Jersey; y la línea costera de Connecticut. Se tiene planeada otra votación a finales de este mes sobre otro paquete de ayuda de 51.000 millones de dólares. El gobierno de antemano ha invertido más de 2.000 millones de dólares como parte de la respuesta de emergencias por Sandy. 

Foto: Un hombre toma fotografías a una casa en la playa en Bay Head, Nueva Jersey, el jueves 3 de enero de 2013, que fue severamente dañada hace dos meses por el paso de la supertormenta Sandy. El viernes 4 de enero, la Cámara de Representantes de EEUU aprobó un fondo de 9.700 millones de dólares para cubrir los reclamos de seguros por inundación para muchos propietarios de hogares y negocios afectados por Sandy.

 

CON LA COLECCIÓN COLOMBIANO DISEÑA COLECCIÓN INFANTIL DE ROPA BLINDADA PARA EE.UU.

 

Las prendas son rojas pues "la lógica indica que el atacante va a disparar sobre la zona que le queda más fácil”, afirmó.

 

Por: EFE

La masacre en la escuela estadounidense de Newtown llevó a Miguel Caballero, el colombiano conocido como el "Armani" de la ropa blindada, a diseñar en tan sólo dos semanas una colección de prendas y accesorios para niños de 8 a 14 años.

Se trata de ropa discreta, "soluciones de seguridad" que según dijo Caballero en una entrevista, pueden vestir los menores por la calle y en la escuela y pasar desapercibidos.

Caballero tiene claro que el mercado de su línea infantil "MC KIDS" está en Estados Unidos y Canadá, pues es "donde tienen el problema", según el diseñador.

Así, tras unir esfuerzos de varios departamentos de su compañía, le dio vida a las cuatro categorías de su colección: "V-Bag", "Puffer Kids", "T-Shirt Kids" y "Safety Vest".

La primera ofrece la función de chaleco y morral con protección frontal y posterior, e incluye ajustes laterales que ofrecen una mejor horma de los paneles, al tiempo que se puede usar como escudo según la situación de riesgo.

"En el mundo existen morrales blindados, pero no existía una solución integrada", dice el empresario, que tiene una fábrica en Bogotá, otra en México y que proyecta abrir una más en Perú.

"Puffer Kids" es un chaleco deportivo, para niño y niña, acolchado y con cuello nehru; mientras que "T-Shirt Kids" es una camiseta interior que se ajusta al cuerpo con sus fibras de alta tecnología, lo que permite ser usada bajo cualquier prenda.

Y el "Safety Vest" fue especialmente diseñado para dotación en escuelas y colegios como medida preventiva en situaciones de peligro que incluyan armas de fuego.

"Si las escuelas son las que tienen el problema y los riesgos de mayores incidentes están ahí, pues las escuelas pueden tener dotación de chalecos de protección", aseguró Caballero.

Y agregó que la prenda, que siempre será roja, debe estar disponible para los alumnos al momento de la orden de un profesor, con el fin de que puedan utilizarla "para bajar el riesgo" en un ataque.

Lo del color, explica, no es un capricho, pues "la lógica indica que el atacante va a disparar sobre la zona que le queda más fácil y por eso se hizo roja", para que apunte sobre "esa zona que es segura y minimizar infantil, Caballero dice que su compañía quiere "hacer un producto mucho más amigable para el niño".

Las ventas de mochilas antibalas y de pantalones blindados se disparó en Estados Unidos después de la masacre de la escuela de Newtown del pasado 14 de diciembre, cuando el joven Adam Lanza mató a 20 niños y a 6 adultos.
Miguel Caballero arrancó en 1992 con un capital de 10 dólares y el diseño de un chaleco antibalas para mujeres, y desde entonces su cartera de clientes se ha expandido por el mundo, hasta el punto de exportar el 95 % de sus productos.

Medio Oriente se queda con el 50 %, Latinoamérica con el 45 % y otros países, incluido Colombia, compran el restante 5 %.

El año pasado la firma, que tiene 180 empleados, puso en el mercado 32.000 piezas, que van desde uniformes para cuerpos de policía, ejércitos y escoltas hasta camisas formales, guayaberas y chaquetas para empresarios, mandatarios y cantantes.

 

LAS CLAVES DEL ACUERDO PARA EVITAR EL ‘ABISMO FISCAL’

 

El pacto aprobado en el Congreso prevé subidas de impuestos para las rentas superiores a los 400.000 dólares

El texto pospone de dos meses la entrada en vigor de recortes en Defensa y servicios sociale

El acuerdo aprobado por el Congreso estadounidense para evitar que el país se hundiera en el abismo fiscal es un paquete que incluye un amplio abanico de medidas. Estas son las más relevantes:

Impuestos.

El acuerdo mantiene los actuales tipos impositivos para las personas con ingresos inferiores a 400.000 dólares, y para las parejas que ganan menos de 450.000. Por encima de ese umbral, el tipo sube del 35% (un nivel reducido que había sido aprobado por la Administración de George Bush) al 39,6%. El presidente Obama quería que ese umbral se fijara en 250.000 dólares. Los republicanos pretendían que no hubiese ninguna subida de impuestos.

Rentas de capital.

El texto aprobado eleva del 15% al 20% las rentas de capital para personas o parejas con rentas superiores, respectivamente, a 400.000 y 450.000 dólares.

Subsidios de paro.

El pacto prevé una extensión de un año de la cobertura, lo que cubrirá unos dos millones de personas.

Asistencia médica.

El acuerdo bipartidista evita una reducción del 27% —prevista por el abismo fiscal— en los pagos a los profesionales que facilitan asistencia médica en el marco del sistema social Medicare.

Recortes en el gasto.

Republicanos y demócratas han pactado posponer dos meses la entrada en vigor de recortes por un valor de 110.000 millones de dólares que habría afectado duramente al Pentágono y servicios sociales.

Herencias.

El impuesto sobre sucesiones se eleva permanentemente del 35% al 40% para todas las propiedades con un valor superior a los 5 millones de dólares.

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